LA ESCRITORA FABIANA BURGOS PRESENTÓ SU LIBRO EN QUETREQUEN

ANIMALARIO DE LA LLANURA

La Biblioteca Bernardino Rivadavia coordinó tareas con la Escuela Nº 42 para que el miércoles 21 de noviembre los niños hayan podido disfrutar de una jornada a puro arte. Compartieron con la autora la cocina del libro; jugaron y crearon a partir de los textos y figuras; acordaron continuar la tarea en futuros talleres para elaborar su propio Animalario.

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Si hablamos de literatura infantil podemos decir que el niño primero “ve” y luego “oye”; que cuando pide “leémelo de nuevo” posiblemente nos estemos acercando desde sus guiños, sus sonrisas y ceños fruncidos, a la pausa exacta que requieren los escritos.

Música, dibujo, movimiento, deberían primar desde que se abre el libro; narraciones animadas y directas.

En el Animalario de la llanura, Fabiana cumple con estas pautas que los atrapan: páginas recortadas con dibujos de animales que se pueden mezclar y volver a armar; nuevos nombres que causan sorpresa y despiertan sonrisas, dentro de un mundo donde “todo es posible”.

Con la propuesta de seguir escribiendo, Fabiana expresa: −Todos podemos hacerlo, es sanador, nos cura.

Entrevista con la autora

¿Cómo y cuándo empezaste a escribir?

Mi vida siempre estuvo muy ligada a los libros y a la lectura, leía todo lo que caía en mis manos, en casa leía mi papá, mi abuela; tengo muy presente a mi mamá leyendo historietas, cambiando la voz de los personajes, esas experiencias en un niño, son sumamente movilizadoras. Creo que así comenzó, no me conformaba con el final del cuento, pensaba e imaginaba en voz alta otros finales, memorizaba las poesías que más me gustaban, releía, comentaba y llegó el momento en que lo que decía e inventaba se convirtieron en escritos. Siempre hay marcas en la vida de alguien que escribe, recuerdo cuando comencé el secundario la profesora nos dió el libro La hojarasca de Gabriel García Márquez, ahí me di cuenta el lugar que empezaba a tener la literatura en mi vida.

El por qué no sé, de lo que estoy segura es que siento la necesidad de hacerlo, tampoco me pregunto cómo lo hago, siempre sentí la necesidad de expresarme por medio de la escritura.

¿De chica escribías?

Si, desde los nueve o diez años. Después de la hora de lengua, quedaba súper motivada y continuaba en casa volviendo a los textos y por supuesto algo surgía, lo compartía con mi abuela y con mi mamá.

¿Qué opinaba tu familia, te apoyaban?

Si, tuve apoyo primero con la lectura, fue mi mamá la que me llevó a la biblioteca por primera vez, después ese lugar fue mi lugar en el mundo.

¿Qué sentiste cuando tu escritura se convirtió en libro?

Una experiencia única, súper placentera.

¿Cuál es la diferencia entre publicar y escribir?

Son dos acciones diferentes. Publicar se refiere a dar a conocer algo, en el ámbito de la literatura es contactarse con alguna editorial, imprenta, llevar a cabo el proceso de armado en formato papel o digital una obra.

Escribir es el acto mismo de creación de un autor/a, en formato papel o digital, ligado a la inventiva e imaginación.

¿Qué proceso atraviesa tu escritura hasta convertirse en el libro?

En lo personal escribo en todo momento, desde hace aproximadamente dos años, lo hago más sistematizado; durante la semana y de acuerdo a mis ocupaciones, me fijo horarios y días para hacerlo. Durante el año tengo varios borradores, voy sumando, sacando, modificando hasta que se unifica el contenido que más tarde va a formar parte del libro.

Jimena Mateo ilustró el Animalario de la llanura, ¿cómo es trabajar juntas?

Es un trabajo en conjunto, en equipo, donde el escritor pone la voz a los personajes de una historia y el ilustrador la imagen, los corporiza.

En mis dos últimos libros, la técnica –collage – la seleccioné yo. Una vez terminados de escribir los textos se los envío a Jimena y ella elige la secuencia y cantidad de ilustraciones, luego acordamos cuáles irán y cuáles no.

¿Todas las personas pueden escribir?

Si hablamos de manifestación o necesidad, considero que sí, un niño, un adulto, un anciano, cualquier persona puede hacerlo. En mi vida personal escribir y leer tienen un alcance sanador

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Algo más sobre la literatura infantil

Los libros infantiles son un fenómeno relativamente reciente. Prácticamente hasta el SXIX los autores no pensaban en los niños a la hora de escribir sus obras. Eso no quiere decir que antes de esa época no hubiera libros interesantes y apropiados para los niños, pero sus autores no los escribieron pensando en ellos.

Una de las primeras obras escritas con tal propósito fue Mundo (1658), del humanista Comenio, que presentaba una enorme novedad para el futuro ya que acompañaba cada palabra con una figura. Charles Perrolt dió forma literaria a clásicos como La Cenicienta, Pulgarcito, El gato con botas, La bella durmiente, Caperucita Roja, Piel de asno. En el siglo XVIII se tradujeron por primera vez en Occidente los cuentos de Las mil y una noches, entre ellos Simbad el marino y Aladino y su lámpara maravillosa.

El SXIX fue el siglo de oro de la literatura infantil; los Hermanos Grimm recopilaron cuentos y leyendas populares que encantaron a los pequeños: Blancanieves, Barbazul, Cenicienta y Caperucita Roja. Otra gran colección fue Cuentos para niños (1835), de Andersen: El patito feo, El soldadito de plomo, entre otros. Carrol propone al mundo Alicia en el país de las maravillas.

Se desarrolla también una tendencia más realista que no incluye brujas o hadas sino aventuras y viajes: La isla del tesoro (Stevenson); Las aventuras de Tom Sawyer (Twain); Pinocho (Dickens). En 1870 irrumpe Julio Verne con la ciencia ficción; adelantó en sus novelas muchos descubrimientos e invenciones que se harían realidad, como De la tierra a la Luna o Veinte mil leguas de viaje en submarino.

En el Siglo XX reaparece la literatura infantil de la mano de los dibujos animados, muñecos, superhéroes, transformer, criaturas fantásticas que se popularizan a través del cine y la televisión, y se venden luego en forma de juguetes, juegos, ropa, viajes. Harry Potter fue un fenómeno de masas del siglo actual. El mercado pone a disposición de la amplia franja de consumidores infantiles, productos nuevos que surgen en un fluido continuo y generan la necesidad de poseerlos de inmediato, desde un interés instantáneo que dura hasta la próxima novedad.

En este mundo de liquidez, los espacios compartidos de creación en tiempo real, devuelven a los niños la magia que los envuelve y caracteriza; les devuelve, de algún modo, parte de su niñez.

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Fabiana Burgos nació en la provincia de Córdoba y vive en Realicó. Es profesora de Enseñanza Primaria; integrante del grupo Cuentacuenteras – narradores orales y animadoras de la lectura. Integrante de la RIC (Red Internacional de Cuentacuentos). Publicó los libros Plumas verdes (2011); Azules (2013) y participó de las Antologías Relatos Andantes (Bs As, 2005) y Letras de Otoño (Córdoba, 2016); publicó en Arenita y Piquillín (suplemento del diario La Arena, L.P) y en La Lamparita (Revista bimensual, Mendoza, 2005)

Jimena Mateo nació en 1978 en Laguna Larga, Córdoba y vive en Rio IV. Es Técnica en Artes Visuales; estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes Líbero Pierini (Río IV). Se ha capacitado junto a otros artistas plásticos, forma partes del taller de Artes Visuales Taller Cuatro. A partir de 2008 colabora con la Federación Universitaria de Río IV, Córdoba. Actualmente se desempeña como docente en el nivel medio

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